viernes, 25 de mayo de 2007

Karakorum Highway: la carretera más audaz jamás construida

Es el relato de una ruta que me encantaría hacer, una camino cargado de magia y de leyenda, con personajes salidos de cuentos que perviven todavia aún hoy en el siglo XXI...
La he extraido del diario de un nomada, un viajero...y si pinchas en la foto hallaras el resto del relato y todas las fotos

KKH, Karakorum Highway: sólo el nombre ya impresiona. 1.250 kilómetros que unen Rawalpindi y Kashgar, la ciudad caravanera de Asia Central, discurriendo paralela al Indo y al Hunza por un trazado extremo, la cordillera más alta del mundo.
Todavía no hace 25 años que se construyó y ya es una leyenda. La KKH atraviesa el techo del mundo, serpenteando entre las murallas del Karakorum, el Pamir, el Hindu Kush y, finalmente, el Himalaya.
Hasta hace menos de un siglo, nuestro planeta tenía algunas barreras naturales prácticamente infranqueables que hacían muy difícil la comunicación entre pueblos.
Así, el África Negra quedó aislada debido a que el Sahara era una frontera casi inexpugnable. Lo mismo sucedió con el inhóspito centro de Australia y sus aborígenes, incomunicados durante miles de años debido a la extrema aridez de la geografía que les rodea.
También la impenetrable selva amazónica o la lacandona de Chiapas han confinado culturas y tribus que todavía hoy en día siguen descubriéndose.
Alaska o la miríada de islas que salpican el Pacífico Sur son otros ejemplos de cómo muchos pueblos no han necesitado de puestos fronterizos. La naturaleza se ha ocupado de que nadie pasara.
En esta franja de Asia, la más abrupta y escarpada del planeta, el paisaje es un océano de cimas de más de 6.000 metros. Entre ellas destacan dos "ochomiles": el Nanga Parbat (8.125 metros) y el K2 (8.611), llamado Chogori por los baltíes que habitan aquellos valles.
De nuevo, nos encontramos ante una nueva frontera natural: una cordillera gigantesca termina donde empieza otra de proporciones colosales. Entre ellas sólo hay sitio para ríos turbulentos y pequeños valles de difícil acceso.
Las aguas del Indo y sus afluentes se precipitan con extrema violencia encajonadas por gargantas resecas. En su loca carrera arrancan y transportan materiales y sedimentos glaciares que son los que le dan ese color marrón ceniciento.
Durante muchos siglos, la Ruta de la Seda se realizó atravesando este paisaje por un angosto camino lleno de peligros y penalidades.
Curvas cerradas sin apenas radio de giro, piso de tierra y cascotes, constantes corrimientos de tierras, desniveles inimaginables, frágiles puentes para cruzar ríos o para salvar el vacío entre pliegues de montañas formidables.

Para disponer de una vía de comunicación adaptada a las necesidades de los nuevos tiempos se decidió construir una carretera que facilitara el transporte de mercancías y el intercambio entre las repúblicas de Asia Central y el subcontinente.
Así nació la Karakorum Highway, un proyecto que costó 20 años realizar y que pagó la trágica factura de un trabajador muerto por cada kilómetro construido.
Construida en medio de la orografía más adversa del planeta, la cantidad y dificultad de los accidentes geográficos, así como la meteorología, hacen que sólo se pueda circular por la KKH unos cuantos meses al año. En invierno permanece cerrada.
A pesar de todo, los desprendimientos y hundimientos son constantes y un peligro real para todo vehículo o persona que la recorre.


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