Me gusta este artículo de Isabel Urrutia aparecido en prensa (IDEAL) el día 15 de Marzo.
No hay más que darse una vuelta por las escuelas cuando los críos salen de clase. O pasear por los parques a la hora de la merienda. ¿No les llama algo la atención? Cada semana se ven más hombres, con las manos en los bolsillos y gesto pensativo, mientras los pequeños corretean a su lado. O en el supermercado, empujando el carrito de la compra. Están solos y no tienen prisa. Y como contrapartida, no se ven más mujeres que antes. Muchas de las que trabajan lo siguen haciendo; y otras cuantas se han incorporado al mercado laboral. Hace falta dinero para pagar hipoteca, luz, agua, comida...; y si no son ellos, serán ellas quienes sostengan la economía doméstica. Con todo lo que eso conlleva: en España, el salario de las mujeres puede llegar a ser un 35% inferior al de los hombres. Así está el panorama.
No hay más que darse una vuelta por las escuelas cuando los críos salen de clase. O pasear por los parques a la hora de la merienda. ¿No les llama algo la atención? Cada semana se ven más hombres, con las manos en los bolsillos y gesto pensativo, mientras los pequeños corretean a su lado. O en el supermercado, empujando el carrito de la compra. Están solos y no tienen prisa. Y como contrapartida, no se ven más mujeres que antes. Muchas de las que trabajan lo siguen haciendo; y otras cuantas se han incorporado al mercado laboral. Hace falta dinero para pagar hipoteca, luz, agua, comida...; y si no son ellos, serán ellas quienes sostengan la economía doméstica. Con todo lo que eso conlleva: en España, el salario de las mujeres puede llegar a ser un 35% inferior al de los hombres. Así está el panorama.
La crisis ha disparado el paro masculino -en febrero, fue un 82,73% más elevado que hace un año- pero todavía no se está cebando con el desempleo femenino, que ha sufrido un aumento anual del 27,74%. De momento. El deterioro del mercado laboral ya no sólo afecta a la construcción y a la industria, sino también al sector servicios, donde tradicionalmente la presencia de mujeres es notable. «Dentro de poco, seguro que hay un repunte del paro femenino. Aquí no se salva nadie, eso debe quedar bien claro», advierte Almudena Fontecha, secretaria ejecutiva para la Igualdad en UGT.
Sea como sea, si hacemos una foto fija en este preciso momento, nos encontramos con una situación insólita en España: llevamos dos meses con más hombres apuntados en el INEM que mujeres. Según los datos actualizados a 28 de febrero, son un 50,4% de varones frente a un 49,6% de féminas (1.755.969, por un lado, y 1.725.890 por otro). No es una diferencia abismal, pero su repercusión social se hace notar; sobre todo porque muchos de los parados son la fuente principal de ingresos del hogar.
De los antiguos
«Soy albañil, desde hace tres meses no tengo trabajo y... ¡me estoy agobiando muchísimo! Pago cada mes más de 600 euros por el piso, ayudo a mi hijo con su hipoteca y ¡a Dios gracias que mi señora limpia en un colegio! Mi paro es de poco más de 900 y veo todo, todo muy negro. Si es que ya tengo 58 años...», cuenta Santos Crespo de un tirón al poco de llegar a su casa.
Crespo acaba de llegar de una obra donde esperaba «encontrar un hueco». Pero nada. Esa es su rutina: ir de aquí para allá y «hacer recados de vez en cuando». Y cuando va solo, más vale que la tienda pille cerca porque Santos no conduce. Él llega hasta donde puede, más no se le puede pedir. «¿A ver, qué hago en casa? Pues mire, hay días en que me animo a hacer la cama. Y también recojo los cacharros después de comer». Su mujer, Josefa, se ríe desde la cocina y sigue a lo suyo, afanada entre pucheros. Hace tiempo que lo tiene claro: «Mi marido es de la generación antigua. Qué le vamos a hacer. Al menos, sale a comprar el pan. No me quejo...». Llevan 38 años casados y hay cosas que no cambian. Como el mercado laboral, sin ir más lejos. De tan predecible, parece una película del Oeste: «Enseguida sabemos quién está solo ante el peligro», se lamenta José Antonio Herce, socio director de Analistas Financieros Internacionales (AFIS).
Este economista y profesor en la Universidad Complutense de Madrid ha visto muchas veces la misma escena. «¡Siempre es igual! Los primeros que sufren el desempleo son los 'outsiders'. Ya sabe, todos aquellos que no tienen ni los mejores empleos, ni los mejores sueldos, ni las mejores condiciones... Ahora bien, lo peor de todo es que ese colectivo es muy numeroso en España, nada que ver con otros países de nuestro entorno. ¡Esa es la 'flexibilidad' de nuestro mercado laboral!». Por muchas cargas familiares y deudas que soporten, los 'outsiders' no tienen más alternativa que respirar hondo y aguantar el chaparrón.
Apuros económicos
De todo eso sabe mucho José María Gómez, un especialista en ferralla que lleva tres meses sin trabajo y ya teme la llegada del verano. Da igual que se encuentre en Málaga y el sol brille para todos. «El derecho a paro se me acaba en junio», anuncia con amargura. Su mujer, Ángeles, es cajera en un supermercado y gana lo justo para pagar la hipoteca de poco más de 800 euros. Así que apenas le quedan 900 para mantener a su familia, que incluye dos hijos, de 15 y 19 años, y la nuera, de 23. «Sin olvidarnos de la perrita, eh», puntualiza con rapidez. Con todo, parece que no pierde el sentido del humor.
Aunque no tarda en dejar bien claro que está dispuesto a liarse la manta a la cabeza, «porque ni Ángeles ni mis chicos van a pasar hambre; ni hoy ni nunca». Todas las mañanas le sudan las manos cuando mira por la ventana. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? Le asaltan las dudas hasta que se pone manos a la obra. Tareas no le faltan -«dejo la casa como una patena»- y le encanta la cocina. «Hago pucheros que duran toda la semana. Y podemos estar comiendo espaguetis dos días... ¡A ver!». Es un maestro de los fogones. Dice que le relaja muchísimo; se olvida de los malos tragos y sólo le preocupa no pasarse con la sal. «Estupenda terapia, ¿verdad?».
Buena falta le hace relajarse, pues va todos los días al Ayuntamiento «para dar la brasa a los concejales». Confía en que algo caiga a fuerza de insistir. «Ojalá se me ponga el santo boca arriba, que lleva mucho tiempo boca abajo y esto no puede ser, no puede ser, no puede ser», repite con angustia.
-Ángeles, ¿le parece que su marido lo lleva peor porque es usted la única que lleva dinero a casa?
-Noooo. ¡La gente ha evolucionado! Él tiene 44 años, yo tengo 43... Las parejas han cambiado mucho. Él está en el paro, pero podía ser al revés y no pasaría nada. Lo importante es que ninguno de los dos esté sin trabajo. Eso es lo único importante. Pase lo que pase, aquí tiramos todos del mismo carro.
Mientras ellas conservan el trabajo, ellos pueden conciliar el sueño. Pero si lo pierden, las estadísticas son de pesadilla. «La desigualdad en el empleo se traduce en desigualdad en el paro. Nosotras solemos tener una prestación de desempleo un 20% más baja», denuncia Carmen Bravo, secretaria confederal de la Mujer de CC OO.
La precariedad del trabajo femenino -salarios inferiores, jornadas más cortas, menos tiempo de cotización...- es una constante que no contribuye a equilibrar las responsabilidades familiares.
Pero también hay casos como el de Pablo Vidal García, un operario de 42 años residente en Ávila, padre de dos niñas y en el paro desde 2007. «Raquel es maestra en un colegio concertado. Gana 1.600 euros y mi sueldo en la fábrica era de 12.000 al año», detalla abiertamente. Nunca le ha supuesto un problema que su mujer aporte más dinero. Cuando la crisis de EE UU se llevó por delante la multinacional de cableado de coches donde trabajaba, él se adaptó sin traumas a su nueva situación.
«Desde que me despidieron, estoy apuntado en un módulo de FP sobre prevención de riesgos laborales. Las clases son de tres y media a nueve y cuarto. Así que hasta las tres me hago cargo de la casa, de la comida y de todo. Es lo más normal del mundo, hay que organizarse», reflexiona con tranquilidad.
A las niñas, de nueve y cinco años, les encanta que Pablo las despierte todos los días. En el desayuno siempre hay tiempo para echarse unas risas antes de ir al cole. Así son sus mañanas, de lunes a viernes. Es un hombre feliz, a la espera de que se lo coman a besos el próximo jueves, Día del Padre.
En julio se queda sin el paro. Le da vueltas, pero tampoco se devana los sesos. «No merece la pena agobiarse. Lo que tenga que llegar, llegará. Después del verano tendremos que tomar una decisión... Somos un equipo. Las tareas se irán repartiendo según las necesidades». Está claro que los tiempos han cambiado. Con o sin crisis.
«La sociedad española ha cambiado muchísimo. El ego de la mayoría de los hombres no se siente herido por estar en el paro y ser la mujer la única que trae dinero a casa», asegura Constanza Tobío, vicedecana de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid. Los expertos ya no hacen correr ríos de tinta sobre la pérdida de hombría del trabajador.
-Esta situación no es tan nueva.
-No, no. Cuando la crisis industrial de los años 70, se estudió muchísimo este fenómeno. Entonces no eran tantas las mujeres que trabajaban, pero los sociólogos y psicólogos estaban muy interesados en averiguar hasta qué punto afectaba a los varones perder su rol de proveedor principal.
-Para algunos, se resquebrajaría su identidad masculina...
-Era otra época. Piense en lo que representaba la figura del obrero industrial. ¡Patriarca, músculo, esfuerzo...! Todo eso se venía abajo. Ahora, en cambio, las cosas son muy distintas. Los hombres saben que la masculinidad no es eso. Evidentemente no es agradable perder el trabajo, pero ¡menos mal que la compañera lo tiene!
-¿Cómo abordan los expertos este fenómeno?
-Los sociólogos lo planteamos en términos de un nuevo modelo de familia mucho más igualitario. Ya no se considera raro que la mujer tenga un trabajo remunerado. Y ni muchísimo menos se considera excepcional que el hombre realice tareas del hogar. Por otra parte, hay otras situaciones, cada vez más, en las que los hombres se quedan en casa y la mujer sigue trabajando...
-¿Los jubilados?
-Eso es. Los jubilados que tienen mujeres más jóvenes. Es algo mucho menos traumático, claro, porque los hombres no han perdido su empleo. Pero también supone una reestructuración del hogar y de la familia. Exige un trabajo psicológico de adaptación. Y una reciprocidad que la mayoría de los hombres asume sin problemas.
-¿Qué indica todo esto?
-Un camino. Un nuevo escenario. Esto va a ocurrir cada vez más... Habrá momentos en la vida en que los dos tengan un trabajo fuera de casa, y momentos en que uno de ellos se quede. Esta última persona podrá ser la mujer o el varón, indistintamente. Pero hay mucho por andar. ¡A la igualdad no se llega a golpe de crisis! Eso es labor de las políticas sociales y laborales. Al mundo del trabajo en España, le cuesta aceptar que los hombres y mujeres tengan otras responsabilidades, aparte de las laborales. ¡Eso se entiende muy bien en otros países! De momento, a ver si esta coyuntura ayuda a comprender que el modelo igualitario de familia nos beneficia a todos.
La bola de nieve va creciendo y nadie sabe cuándo parará. La precariedad laboral campa por sus respetos y, una vez más, las mujeres lo tienen peor. De esto no le cabe la menor duda a Carmen Bravo, secretaria confederal de la Mujer de UGT: «En los ERE, ya estamos viendo una gran desigualdad; en torno a un 81% de hombres cae bajo el paraguas de la regulación de empleo». El 19% restante, las mujeres, puede darse con un canto en los dientes, ya que la mayoría de ellas se va a la calle sin ningún acuerdo previo entre empresa y sindicatos refrendado por la autoridad laboral, es decir, en peores condiciones.
Otro dato: tanto en las administraciones públicas como en los servicios privados ha caído en picado la contratación temporal, «lo que en última instancia también afecta a las trabajadoras, muy presentes en ese sector». Visto lo visto, Rosa Peris, directora del Instituto de la Mujer, está convencida de que «ahora más que nunca hay que apostar por las políticas sociales». A su juicio, la necesidad de infraestructuras (centros de día, residencias de la tercera edad, escuelas infantiles...) es inaplazable. «A ver si los 8.000 millones del Plan de Apoyo Financiero, que se han dado a los ayuntamientos, se invierten bien y las comunidades autónomas mantienen su compromiso de ayudar a los que más lo necesitan», alerta Rosa Peris.
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